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Aguascalientes: Museo Nacional de la Muerte
La concepción de la muerte y su tratamiento varía entre los diferentes grupos humanos: cada cultura presenta características propias que definen un espacio y un tiempo. Para los antiguos habitantes de nuestro territorio no significaba el final de la vida; era parte de ella misma, una nueva etapa la que se llega dependiendo del tipo de muerte que había tenido el invididuo; La guerra, el parto, alguna situación asociada al agua o bien la muerte natural. No se temía a la muerte ni a los muertos, por eso se procuraba proteger al difunto ubicándolo en espacios seleccionados que al mismo tiempo permitieran su proximidad para que él también velará por los suyos.
–Mumu
En la década de 1881, como consecuencia de las nuevas disposiciones del gobierno, dos prácticas se volvieron tradición: la costumbre de pedir calavera y los impresos ilustrados con calaveras literarias. Desde algún tiempo atrás gente sencilla con oficios come serenos, papeleritos, boleros, bañeros, carteros y vendedores callejeros ofrecen a sus clientes un verso y un grabado impresos en un pequeño cartón, para solicitarles una dádiva para las festividades especiales como: el Jueve de Corpus una Tarasca, 15 & 16 de septiembre para el fervor patrio, en diciembre un aguinaldo y para finales de octubre y principios de noviembre solicitaban para la tumba, el entierro y la calavera. La costumbre de pedir una calaverita se formalizó desde entonces. Juan Paloma de Miguel definió una clavera come: “Verso festivo que a manera de epitafio se compone dedicado a personas vivas o bien presentando los humorísticamente como seres de ultratumba, con ocasión del día de los Fieles Difuntos, el 2 de noviembre.”
–Mercurio Lopez Casillas.
A mediados de siglo XIX desde España se importó la representación de Don Juan Tenoria, drama religioso fantástico de Jose Zorrilla, que estrenó por primera vez el 28 de marzo de 1844 y par diciembre del mismo año se presentó en México. La carga moral y la escena final con fantasmas en el cementerio gustaron tres años después la imprenta del periodic El Calavera publicó la primera edición del pai. En 1855, Zorrilla se estableció en la capital mexicana y durante la intervención Francesa (1863-1867), el emperador Maximiliano lo designó lector de cámara y organizador del teatro de la corte. El 4 de noviembre de 1865, con motivo del cumpleaños de la emperatriz Carlot, se inaugura el gran Teatro Imperial con el reestreno de Don Juan Tenorio. Desde entonces la obra se volvió tradicional para la temporada en todos los teatros de la República.
–Mercurio Lopez Casillas.
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La muerte del arte y la muerte en el arte
En un mundo en el cual el arte moderno y contemporáneo conciben prácticamente a la obra como un objeto definido finito y por tanto temporal, se marca la era de la muerte del arte. Y esto se debe a que, desde los inicios de la historia de la humanidad, el hombre ha buscado la manera de cambiar las formas de representar sus ideas y su realidad.
Cada nueva propuesta, cada nuevo intento por llegar a la exteriorización del pensamiento y el sentir, tanto como el percibir de su entorno y tiempo, traen en deceso ineludible, estrepitoso y fulminante en la expresión y formas de hacer el arte. Es así como en ciclos continuos y constantes, el arte es asesinado, muerto por las nuevas generaciones al desconocer que la obra debe servir para la contemplación y posteridad y al redefinirlo como objeto de reflexión y análisis, haciéndola renacer.
–MuMu
La vida y la muerte
Dentro de la cosmovisión prehispánica, la vida y la muerte aparecen íntimamente relacionadas. Representaban dos grandes misterios de la existencia. Igualmente fundamentales, eran indivisibles y se concebían como la continuidad de ciclo natural, generando así, un pensamiento dual de las cosas. Esto se corroboraba en las estaciones del año, en el dia y la noche, e incluso en la propia piel del jaguar, clara y obscura al mismo tiempo. La muerte, aunque incierta, era vista como extensión de la vida que se extingue para renacer.
El Tzompantli
Es una bandera de craneos o claveras y es un elemento distintivo de las zonas urbanas de Mesoamérica precolombina.
Su uso ritual se podía referir a diversas deidades y ello definiría su tamaño y extensión así como el origen de los individuos que debían proveer su cabeza para ser colocada en el muro. Por lo general se insertaba en una empalizada que atravesaba transversalmente desde la zona parietal. A la postre también se emplearon las piedras para representarlos pero siempre la remisión era la misma: tributar, rememorar o rendir pleitesía a una divinidad.
En todo lo largo y ancho de nuestro país en las distintas zonas arqueológicas encontramos estas estructuras en repetidas ocasiones siendo un enorme referente de la importancia de la inmolación y tributación a las divinidades.
Los cronistas de la colonia en nuestro territorio no dejan un relato unísono respecto a su uso y existencia. Tampoco a la cantidad de estos elementos por ciudad ni de cuantos cráneos conformaban a cada una de ellos. Lo cierto es que investigaciones y descubrimientos recientes hechos por el Programa de Arqueología Urbana del INAH determinan la existencia de altares prominentes particularmente en lo que corresponde a la zona arqueológica de Tenochtitlan.
–MuMu
Representación de la muerte en Mesoamérica
Antes de lallegada de los españoles, los diferentes grupos étnicos de Mesoamerican compartían de forma general la misma visión del mundo y de la existencia humana. Desde los mayas hasta los aztecas, y en diferentes épocas, estospueblos conformaron una religión que ofrecía a sus dioses, enagradecimiento por el sustento y la vida, la vida misma de algunos elegidos a cambio de la prosperidad y el beneplácito de todo el pueblo. Y, aunque existían diferencia de criterios para elegir a quienes serían el manjar de la fuerzas suprema, muerte por sacrificio era aceptada con estoicismo e, incluso, algunas veces era buscada voluntariamente, ya que se considerable que el sacrificado era la imagen viva del dios y quien se enfrenta a la muerte estaba seguro de convertirse él mismo en dios.
Muchas de esas comunidades consideraban que se nace y se muere para continuar con el proceso de evolución espiritual a través de los nueve estudios del inframundo, hasta llegar al Mictlán, un oscuro infierno azteca donde el señor Mictlantecuhtli reina en compañía de su esposa Michtlantechhuatl, la cual habrá de devorar a los hombres para dar origen a la vida y continuar si el ciclo firmando entre la vida y la muerte.
–Jorge H Garcia Navarro.
Expresiones plásticas de pueblo mexicano
Nada revela mejor la idea que el mexicano se forma de la muerte que la representación de la calavera y el esqueleto humano en las artes populares. En esta concepción de misterio de la muerte, juegan un papel importantísimo nuestra herencias prehispánicas. Para los habitantes de Mesoamérica, que tenían un claro sentido de la inmortalidad y veían con cierto fatalismo la existencia, la calavera no era un símbolo de muerte sino de vida. De ellos hemos heredado a través de los siglos esta certeza de que la frontera entre la vida y la muerte es borrosa o no existe.
El mexicano, cuya preocupación principal no el el miedo a la muerte, sino la pesadumbre de una vida permanentemente acompañada por la zozobra, recurre al procedimiento estético de cambiar el sentido simbólico de la forma, artificio importantísimo de simbolismo universal que consiste en quitar al esqueleto y la clavera su significado fúnebre y macabro, para convertirlos en seres vivos que compren nuestras penas y alegrías, y nos aseguran que la vida se prolonga después de la muerte.
No hay material , por humilde que parezca o de difícil manipulación, que se resista a la maestría y a la imaginación fecunda del artesano mexicano. Aquí encontraremos piezas de barro pintando, vidriado or natural; trabajo en madera, lámina, vidrio, cera, papel, azúcar, cartón y piedra de todas clases y, en fin, toda suerte imaginable de objetos rescatados del olvido y de lo más variado usos, para convertirlos en asombro de la vista, regocijo del corazón o acicate de profundas meditaciones.
Alfonso Pérez Romo.
En este lugar de duelo y pena
Regado con el llanto
Ven los mortales con espanto.
Mi lira sena
No suena melodiosa y divertida
Cual ha sonado en tiempo más dichoso,
Yo cantare con eco doloroso.
iNada es la vida!
Nada es, toda es ficción, toda mentira
En toda ella obra la casualidad.
Si queréis conocer la realidad,
Aqui se mira.
¿Ves al cuartero presumir su espada?
¿El sabio con sus ciencias orgulloso?
¿Vestirse de oropel el poderoso?
Aqui son nada.
La joven bella que el amor atiza
Con sus ojo de fuego y de ternura,
Aquí ya hace el triste sepultura,
Hecha ceniza
La huesa, confundida con la huesa,
El polvo, con el polvo confundido,
No hay valiente, no hay sabio distinguido
No hay rico, no hay belleza
Aquí toda es igualdad
Y con silencio profundo,
Está contemplando al mundo.
La terrible eternidad.
–Mariano Camino, siglo XIX







































